La Serie Mundial de Póker reúne a jugadores de todos los niveles. Allí radica uno de sus más notables atractivos. ¿Y qué mejor incentivo para los jugadores novatos que un caso como el de Travis Johnson, un jugador principiante de California que se llevó unos 600 mil dólares en la última edición de la WSOP?
Travis entró al mundo del póker como probablemente lo habrán hecho muchos jugadores amateur: a través de una partida que vió en televisión. Eso lo inspiró a conocer más. Johnson, de 30 años, y empleado del Bank of America, es producto del “efecto Moneymaker”, como él mismo señala: tras ver su victoria en la WSOP de 2003, quedó marcado para siempre.
Desde entonces, aprendió algunas manos de póker, pero no demasiado. Ni siquiera es un jugador fanático, afirma que al momento de ganarse su viaje a la WSOP, jugaba una o dos veces a la semana. Su historia es una de inspiración para muchos jugadores que todavía descreen de la fama veloz del póker.
Johnson llegó a Las Vegas con unos 3.500 dólares para jugar al póker, y en los primeros dos días perdió poco menos de la mitad de ese dinero. Deprimido, decidió jugar un satélite. Allí ganó 3.000 en un evento de mesa simple, la victoria le garantizó la entrada a la WSOP.
Dos días después, Johnson se convertiría en el orgulloso ganador de un bote de 666.853 dólares con un A-Q. Para ello, había invertido unos 340 dólares. Su ganancia hizo historia reciente en la WSOP al convertirse en la victoria con la mejor relación entre inversión y beneficio.
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