Si alguien diera un consejo como “es mejor no hablar demasiado en la mesa de póker”, varios mencionarían su desacierto, siendo, quizá, uno de los motivos principales para ello la referencia a los varios programas de póker de estrellas, celebridades y jugadores expertos que vemos frecuentemente en televisión. Allí se hace evidente la conversación; aunque probablemente debamos atribuir esto a los grandes egos de los profesionales y la diversión necesaria de las celebridades.
¿Por qué, entonces, habría que ser discreto en la mesa de póker?
Todo buen jugador sabe interpretar hasta en la menor dosis de expresión una información de juego. La próxima movida, la fortaleza del rival, la confianza que tiene en sus cartas, o todo lo contrario: su debilidad. Evidentemente, el póker es en gran medida un juego de información.
Cuanto más sepas sobre la mano que le ha venido en suerte a tu rival, mejor podrás considerar una estrategia de juego, tus adversarios no ignoran esto. Por ello es probable que tarde o temprano los notes buscando información preciada, o pienses que estás liderando el juego, inquietudes acerca de tu estado de ánimo, y demás.
En ciertas ocasiones lo importante no son las respuestas, sino la manera en que hablas, tus gestos o tu tono de voz. Por ejemplo, inflexiones de la voz, pausas largas (o cortas), respiración irregular, suspiros y demás también son informaciones valiosas.
Así que ten cuidado la próxima vez en la mesa de juego.
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