Así como hay ciertos rasgos del conocimiento y un trasfondo cultural y de experiencias detrás de cada una de nuestras jugadas, capaz de determinar una estrategia de juego de la que podemos no ser absolutamente conscientes, la personalidad también impone sus virtudes y limitaciones.
¿Adictos a la acción? ¿Tímidos? ¿Valientes y aguerridos, o conservadores y temerosos? Últimamente se ha establecido que los rasgos de la personalidad están relacionados con cierta clase de inteligencia, y de examinar estos factores podrás reconocer si tú o alguien que conoces tendrá buenas o malas chances de convertirse en un jugador de póker excepcional.
Por ejemplo, los aguerridos y valientes tenderán a jugar hasta las peores manos, poniendo antes que nada su orgullo, al tiempo que descuidan inevitablemente el resultado general. Los tímidos mostrarán la tendencia opuesta, y por esa proclividad a la espera y la meditación, es probable que ataquen con muy buenas manos.
Algunos jugadores de póker son buenos en ello naturalmente; otros probablemente la tendrán más difícil, y deberán entrenarse bastante antes de largarse confiados a jugar solos contra el mundo. Pero sea como fuere, el lema se aplica: la práctica hace al maestro.
Y consideraremos, para terminar, lo siguiente: las diferentes habilidades e inteligencias de las que hablamos tienen pesos específicos muy distintos según la clase de juego del que se esté participando. No es lo mismo ejercitar el talento de leer a la gente jugando entre amigos que en una mesa de campeonato.
Cada una de estas habilidades se domina por separado, y a ritmos distintos, con la práctica. De modo que no te desanimes.
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